7 consejos para fomentar la resiliencia en los niños


Nos ahorraríamos muchos problemas si desarrolláramos desde niños algunas capacidades. Una de ellas, sin duda fundamental, es la resiliencia. Fomentar la resiliencia es posible desde la infancia. No es necesario que pasen más años para que el pequeño adquiera esta valiosa actitud.
Recordemos que la resiliencia es esa capacidad que le permite al ser humano mantenerse a flote frente a las adversidades, superarlas y fortalecerse a partir de ellas. Los problemas de los niños son, por supuesto, de una dimensión diferente a la de los adultos. Pero esto no quiere decir que no se pueda fomentar la resiliencia.

“Los hombres se hacen más fuertes al darse cuenta de que la mano ayudante que necesitan esta al final de su propio brazo”.
    -Sidney J. Phillips-

Enseguida te presentamos una serie de estrategias que te ayudarán a fomentar la resiliencia en los niños. Se trata de acciones simples y hasta obvias, que sin embargo muchas veces van al saco del olvido. No dejes que esto pase, seguro que un niño te agradecerá toda la vida que le ayudes a ser más resiliente.

Que aprenda a hacer amigos
Para fomentar la resiliencia es necesario que le enseñes a hacer amigos. El aislamiento es un factor que promueve la inseguridad y el miedo. Un niño aislado es un niño al que prestar atención. Piensa que no todos los niños cuentan con una gran habilidad para manejarse socialmente, así es bueno que les echemos una mano en esta tarea.

¿Cómo enseñarle a hacer amigos? Con cuidado, no contar con amigos puede ser un tema muy sensible para un niño. Por lo tanto nunca es una buena idea señalarle como el culpable de esa situación. Si lo hacemos es probable que adopte alguna de estas dos actitudes: encerrarse en sí mismo para protegerse o realizar intentos desesperados y a veces incluso peligrosos para que alguien lo acepte.

Por otro lado un niño que no tiene amigos normalmente es un niño inseguro. Por lo tanto nosotros como adultos tenemos que reforzar esa seguridad diciéndole todo lo que hace bien en contextos sociales. También podemos corregirle, pero centrándonos siempre en comportamientos concretos y solo delante de personas en las que el niño confíe.

Que aprenda a ayudar a los demás para fomentar
La solidaridad y la cooperación son fundamentales para el desarrollo emocional. Si el niño aprende a ayudar a los demás, se sentirá más útil y valioso. También fortalecerá su capacidad para establecer empatía. Esto en el futuro será uno de los pilares de su fortaleza psicológica.

Piensa que la mejor manera de fomentar la ayuda a los demás es con tu ejemplo. Primero ayudándolo a él y de paso promoviendo esa actitud en la familia. El juego también es una vía ideal para que compruebe por sí mismo los beneficios de trabajar en equipo.

Que establezca y mantenga una rutina
Establecer una rutina es fundamental para los niños, especialmente para los más pequeños. Les da una sensación de seguridad y de estabilidad. Disminuye sus temores y sus ansiedades porque saben lo que va a ocurrir a continuación. Además, la rutina le permite al niño evaluar si está viviendo “correctamente” o no.

En principio, deben existir horarios para acostarse y levantarse. También los horarios de la comida deben estar muy definidos. Lo mismo debe ocurrir con los tiempos de escuela, de tareas e incluso de descansos. Estos horarios solo deben ser alterados si hay razones de fuerza mayor.

Que aprenda a cuidarse
Si lo que pretendemos es fomentar la resiliencia, el niño tiene que aprender a ser responsable con una motivación en el horizonte: su propio bienestar. Esto no quiere decir que deba cuidarse solo. Más bien que debe pensar en su bienestar físico y emocional cuando esté solo y no tenga el amparo de los padres o adultos de la familia.

Es importante que cuando le des la comida, le indiques por qué es saludable para él. Y la importancia que esto tiene. También es bueno que inculques la importancia del deporte, de la risa, de la higiene y la buena presentación personal. Él aprenderá el autocuidado con la práctica, en todo caso.

Que aprenda a descansar
El descanso es tan importante como el trabajo. Para realizar las actividades de forma adecuada es bueno que el cuerpo esté descansado y la mente despejada. Por ejemplo, de nada sirve estudiar mucho si no dejamos que nuestra mente asimile y procese todo ese conocimiento con el que trabajamos.
Como hemos dicho en los puntos anteriores, es bueno que des ejemplo y tú también respetes el tiempo de descanso. Por otro lado, descansar no significa necesariamente estar sin hacer nada, simplemente en muchos casos podemos lograr sus beneficios realizando actividades que no requieran un gran nivel de atención.

Que aprenda a establecer metas
Este es un elemento trascendental. Es bueno que le niño aprenda a fijarse metas razonables en función de sus capacidades y recursos. El hecho de que aprenda a marcarse metas que van a demandarle un esfuerzo, pero que a mismo tiempo puede lograr, va a ser un refuerzo enorme para su autoestima. Ya sea en la infancia o durante toda la vida.

Por otro lado, más que metas de logro, el niño necesita en esta etapa metas de cumplimiento. Esto quiere decir que, por ejemplo, en lugar de pedirle que alcance determinada calificación en la escuela, más bien la meta debe ser que aprenda unas buenas técnicas de estudio y que las ponga en práctica un rato todos los días. Celebra que lo haya hecho. Hazle ver que esto es en sí mismo un gran logro.

Que aprenda a ver las dificultades como un reto
Hay muchos pequeños eventos cotidianos que el niño ve como grandes dificultades. Recuerda que son seres frágiles e inmaduros. Para ellos, no poder alcanzar tarro que está sobre un estante puede ser fuente de gran frustración.
Es ahí donde es bueno que entres y conviertas ese “gran problema” en algo relajado, que se puede resolver. Muéstrale con tu actitud que la angustia está de más. Cuando sea un poco más mayor, evalúa con él, animadamente, cómo se puede resolver la situación.

Si aplicas estos sencillos consejos contribuirás a que el niño sea más resiliente. Es uno de esos regalos que, si se dan en la infancia, evitan muchos problemas en esa etapa y en etapas futuras. Fomentar la resiliencia, por tanto, es uno de los grandes retos de la crianza.


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